dimarts, de gener 21, 2014

Según parece, hay tantas democracias distintas como supuestos demócratas

En mi juventud la gente no solía presumir de demócrata porque no estaba bien visto pero, desde que desapareció el franquismo, todo el mundo lo es. Diría más, algunos son aún más demócratas que la propia democracia, lo que ya tiene mérito. Eso sí, cada uno lo es a su manera porque tal parece que en la democracia cabe todo.

Da igual el significado real del término. Algunos creen que sólo consiste en votar, no importa qué, cómo, cuándo o porqué. Como si el voto tuviera el poder de convertir en demócratas a los individuos y a las organizaciones, ignorando que en las dictaduras también se vota.

Sin duda es la fe de los conversos. Si ahora toca democracia todos somos demócratas de toda la vida, como si la historia hubiera comenzado el día que cada uno eligió serlo, cosa que para algunos fue el día en que murió Franco, para otros el día de su primera comunión, o el día que se aprobó la Constitución, o el día siguiente del 23F, el de su primera manifestación o el día que ligó por primera vez a la vecina del quinto. En cuestión de gustos ya se sabe …

Estamos tan poco habituados a la libertad que aún no hemos interiorizado el sistema. La tradición pesa mucho y los demonios ancestrales siguen dominando la escena social y política del país de modo que lo que impera es el maniqueísmo más cutre, el que divide a los individuos según sean de los nuestros o de los otros, de los buenos o de los malos, de los “nyerros” o de los “cadells” (1), de los imperiales o de los “botiflers” (2), catalanistas o españolistas. Así, sin matices.

Somos tan simples que aún no hemos aprendido que para formar parte de “unos” es preciso que existan los “otros”, puesto que son ellos los que dan sentido a nuestra opción y, eventualmente, la justifican. ¿Cómo se podría ser de izquierdas si no hubiera nadie de derechas?

No se puede negar que el sistema de bandos es muy práctico (sobre todo cuando se está en posesión de la verdad) pero tiene un problema, y es que las personas somos volubles y cambiamos de manera de pensar o de intereses cuando nos conviene, lo que explica, entre otras muchas cosas, que, una vez muerto Franco, los franquistas supervivientes se recolocaran en todas partes y se repartieran entre todas las fuerzas políticas. ¿O hay alguien tan iluso que cree que con el inefable desaparecieron todos sus partidarios como por ensalmo, o que todos eran de derechas? Por mucho que cueste creerlo, los hay tanto en la derecha como en la izquierda, y también en el catalanismo, desde el más moderado al más radical. 

Exactamente igual que ahora hay independentistas que antes no lo eran y que no pocos dejaran de serlo cuando empiece la bronca, como hay demócratas acostumbrados a vivir instalados en la mayoría y que, por aquellas cosas de la vida, han pasado a ser minoritarios y se ven enfrentados a la prueba de su vida. ¿Son realmente demócratas o sólo lo eran cuando su opción era ganadora?

Vamos, que ser demócrata no es tan sencillo como pudiera parecer. Si por democracia se entiende el gobierno del pueblo o de la mayoría, la minoría siempre queda supeditada a la voluntad mayoritaria. Es decir que, si en cualquier organización, asociación, partido político o institución, la minoría tiene la posibilidad de defender su punto de vista y, a pesar de ello, la mayoría decide en un sentido diferente, la voluntad mayoritaria se impone y la minoría la acata. Y si no lo hace, sean cuales sean los motivos o las excusas que dé para no plegarse a la voluntad de la mayoría, actúa contra la regla básica de la democracia y, en puridad, no puede alardear de demócrata si no de todo lo contrario.

Esto es así porque la democracia no es un traje a medida de las conveniencias o los intereses de cada demócrata, sino un sistema para evitar la imposición de la voluntad de la minoría, que es tanto como decir que es el instrumento del que se sirve una comunidad para impedir que la voluntad de uno se imponga a todos, sea un dictador o un tirano. Y para el caso da igual que sea un individuo o su camarilla.


dilluns, de desembre 31, 2012

Aunque parezca imposible, hay soluciones

Resulta chocante que en un momento de crisis aguda y de sacrificios económicos por parte de un gran número de ciudadanos, una numerosa minoría de privilegiados disfrute de ventajas fiscales incomprensibles.



A causa de la disminución de los ingresos fiscales el conjunto de las administraciones públicas se ha visto obligado a efectuar serios ajustes en los gastos que han afectado a los servicios considerados esenciales (educación, sanidad i servicios sociales) dando lugar a un creciente malestar social, pero nadie parece caer en la cuenta que una parte sustancial de los tributos recaudados sigue esfumándose en beneficio de unos pocos en forma de deducciones y desgravaciones fiscales o de subvenciones destinadas a atender las cuestiones más esotéricas y peregrinas imaginables.




Se trata de una cuestión crucial para entender el despropósito en el que han ido derivando las cuentas públicas en los últimos años con la excusa de intervenir en la economía para potenciar el desarrollo de determinados sectores o actividades. Lo cierto es que su peso ha ido aumentando hasta tal punto que se ha llegado a afirmar que representan casi la mitad de la recaudación total, lo que equivale a decir que pagando la mitad de impuestos se podrían mantener la totalidad de los servicios públicos (incluyendo relaciones exteriores y defensa).




Dicho así, friamente, parece que no sea posible y lo cierto es que en nuestro país el asunto no ha sido estudiado en profundidad, aunque cabe señalar que el Banco de España en su informe de 2010 ya sugirió la necesidad de plantear una sustancial racionalización y reducción del fenómeno.




En el mismo año, el presidente Obama había creado una comisión mixta de senadores y congresistas para el estudio de una reforma fiscal en profundidad que había concluído sus trabajos efectuando un conjunto de recomendaciones, entre las que destacó una propuesta de reducción sustancial de los gastos fiscales para propiciar la reducción del galopante déficit público estadounidense, estimando que alcanzaban la astronómica cifra de 1.053 billones de dólares, equivalentes al 7% del PIB de los EEUU.




En nuestro país no hay cifras precisas sobre los denominados gastos fiscales (tax expenditures en la denominación inglesa) aunque se estima que podrían superar ampliamente el 4'4 del PIB. Y si este porcentaje fuera cierto, sólo en Catalunya permitiría suprimir algo más de 8.000 millones de euros anuales (el doble de los 4.000 millones que pretende ajustar la Generalitat de Catalunya en el ejercicio fiscal de 2013 y, más o menos, el 20% del presupuesto de un ejercicio fiscal ordinario), lo cual supondría un ahorro espectacular sin necesidad de recortar ni un céntimo en gastos sociales.




Es para pensarlo seriamente, sobre todo si se tiene en cuenta que cualquier ciudadano tiene derecho a exigir que los poderes públicos hagan frente a las exigencias del  estado del bienestar, mientras que no hay ni una sola disposición legal que establezca el derecho de ningún ciudadano a exigir la devolución de todos o parte de los impuestos que debe pagar, bien en forma de desgravación fiscal o de subvención. La concesión de tales privilegios constituyen una discriminación no siempre justificable que depende exclusivamente de la discrecionalidad del poder y, por lo menos en los tiempos que corren, constituyen un trato de favor absolutamente injusto que castiga precisamente a las clases con menor capacidad contributiva y con más necesidades de ayuda.

dijous, de novembre 29, 2012

La lluvia cae sobre Barcelona. La La lluvia cae sobre Barcelona.








El día después amaneció gris y lluvioso, como los ánimos de un buen número de ciudadanos catalanes, sumidos en la decepción y el estupor de una jornada electoral sorprendente. 




Entre tanto, el gobierno provisional de CiU deshoja la margarita i contempla, desolado, lo solo que está, mientras sus bases intentan sobrellevar la victoria con la cabeza hundida entre los hombros, apesadumbrados por un éxito que les ha llevado a un laberinto del que no saben como podrán salir.




Tras dinamitar el sistema de respiración asistida con el que había sobrevivido los dos últimos años, Artur Mas y los suyos se equivocaron y ahora pretenden que las consecuencias de su error sean compartidas por otros, apelando a la responsabilidad de los que se presentaron a las elecciones con un reclamo electoral soberanista parecido al suyo. 




Pero ERC no parece estar por la labor. Al final se verá el precio que está dispuesto a pagar el President para enbarcar en su deriva a su adversario, y si es capaz de convertirlo en socio en un negocio ruinoso en el que lo único que está en juego es un pequeño párrafo de la historia de Cataluña. Un pequeño paréntesis que promete durar poco. Tanto como la dignidad herida de las bases de Esquerra a la primera concesión de su líder a los recortes presupuestarios que ya han sido anunciados. O quizá no esperen a tanto para convocar alguna de sus famosas asambleas y dar al traste con el copromiso empeñado por su líder.




Esquerra ya dió la medida de su fiabilidad durante el mandato tripartito, llevándose por delante a Pascual Maragall y a José Montilla, y lanzando al PSC al infierno donde, dos años después, sigue debatiéndose entre la vida y la muerte.




Artur Mas, tras el sonoro fiasco, tal vez crea que con su encanto logrará resucitar después de muerto. Aunque yo, francamente, no lo creo.



diumenge, de setembre 12, 2010

A un candidat "pepero"

A un bon amic del PP que em deia que "la alternativa es evitar que CiU tenga mayoria absoluta, porque de ser asi, mantendran una politica soberanista para impedir fuga de votos a ERC y a otras formaciones soberanistas. El voto util no es CiU, es el PP", li he contestat això:

Pero para conseguir esto hay que construir una oferta y hacer un discurso propio. Ni a la defensiva ni a la contra. No sirve de nada achacar al adversario aquello que precisamente constituye su principal rasgo de identidad. Sus electores se identifican con este mensaje y lo compran (perdón, lo votan). ¿Què propone el PP? ¿Ir contra los nacionalistas, o por el contrario proponen ir a favor de algo? ¿Y ese "algo" que es?

A los clientes ya los tienes. Mientras no les hagas alguna trastada ya te votaran, pero a los que no te quieren o no te conocen ¿que les ofreces? ¿Cómo vas a conseguir que te voten? O ¿como vas a evitar que, para no votar a la izquierda, vuelvan a echarse en brazos de CDC? Perdona la regañina pero es que la situación no está para debates de otros tiempos. El Tribunal Constitucional ha dictado sentencia y esto impone un cambio de discurso. Firme, positivo,
capaz de enrolar a la gente de orden que no quieren aventuras y que necesitan donde asirse. Serenamente, sin aspavientos, con naturalidad. Por eso las palabras "nacionalista" o "soberanista" deberían desaparecer del diccionario del PP. Forman parte del lenguaje "de los otros" y llevan directamente al desastre.


dijous, de setembre 09, 2010

Les societats taxadores


Primer les van utilitzar per inflar els preus dels immobles amb la finalitat d'augmentar el capital de les hipoteques i ara se les volen treure de sobre abans que algú plantegi una reclamació en tota regla per maquinar amb la finalitat d'alterar el preu de les coses.

De fet, sense la col·laboració inestimable de les societats taxadores, probablement no s'hauria produit la bombolla immobiliària.

Veure la notícia publicada a El Periódico

http://www.elperiodico.cat/ca/noticias/economia/20100909/les-caixes-venen-les-seves-taxadores-immobiliaries-forcades-per-crisi/472157.shtml



dissabte, de setembre 04, 2010

El café de Ocata: Hawking nos descubre a Dios

Dice Stephen Hawking que Dios no creó el Universo sino que fue al revés, que el Universo creó a Dios.
Si Hawking tiene razón, entonces el no saber socrático (que es un no saber sobre lo primero en sí) no es ningún impedimento para construir una filosofía que incluya -como debe incluir toda filosofía seria- el punto de vista del observador en su teoría.
Gregorio Luri

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